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Obviamente se puede vivir sin retos.
Un reto es un desafío para lograr lo que
aún no se tiene.
Y en este sentido, son muchos los individuos y
las organizaciones -sociales, empresariales- que
en determinadas épocas de su vida deciden
no afrontar retos. Les va bien "con lo que
hay". Deciden sencillamente mantenerse en
sus costumbres y formas. Y como todos tenemos
que justificar nuestra ruta de vida para no quedar
como unos memos, se ensalza como ejemplo y norte
el "no movimiento", la glorificación
del pasado o el presente sin alteración,
primer paso a la crítica o incluso estigmatización
de todo lo que suena a distinto.
Afortunadamente, "la vita è movile".
Y sólo y exclusivamente a causa del inconformismo
o la ilusión, que a efectos de eficacia
tanto le da de qué lado se estira de la
manta, hoy tenemos en muchísimos sentidos
un mundo bastante mejor que el de nuestros padres
y nuestros tatarabuelos.
Hay dos tipos de sueños-retos.
Unos son los racionales, que desde siempre han
conllevado avances materiales. La aspirina y el
bombillo, el coche y la hipoteca no son más
que excelentes respuestas a retos tan aplanadamente
magníficos y útiles como acabar
con el dolor de cabeza y disponer de un cómodo
terminal de luz, desplazarnos con rapidez o acceder
a una vivienda propia.
Son nuevas mullidas alfombras, que por cotidianas
ya no apreciamos, pero que marcan tremendas diferencias
de bienestar cotidiano respecto a lo que tuvieron
otras generaciones.
Y hay un segundo tipo de reto. Es el reto irracional,
que no se adhiere a lo material sino que lo sobrepasa,
estira de lo emocional y conduce a vuelos de nuevas
visiones de estructuras colectivas e incluso estructuras
íntimamente profundas y personales.
Aquí ya no hay alfombras. Ciñéndonos
a los grandes retos colectivos, aquí ya
no se pisa el duro suelo. Impregnan el aire que
respiramos y el aliento que exhalamos, las cervicales
que nos soportan y las neuronas que nos conducen.
Y cuando estos retos triunfan es porque convencen
y convencen porque sirven. (Odio eterno a las
imposiciones)
En estos retos-vuelos-sueños, la tradición
es auto-riqueza pero jamás exclusión.
Es satisfacción pero no orgullo. Es raíz
pero no seto separador. Porque una ideología,
una forma de entender colectiva, en el mismo momento
en que se auto-encierra y se auto-empaqueta en
banderas, lenguas o razas, está encerrando-empaquetando
su futuro. Porque no se puede pervivir sin compartir.
Nuestro Col.legi nace en un micromundo profesional,
el nuestro, el> |
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management (ó la gestión
de asuntos potencialmente conflictivos)
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