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¿Qué vende
Armani?, ¿y Lacoste?. Moda, diseño,
su marca, su nombre, un logo, un signo de distinción,
su concepto-nombre... ¿hay algo más
detrás de todo ello?. ¿Por qué
algunos no invierten casi en publicidad y no hacen
más que vender como rosquillas?, ¿sería
igual de elegante Winona Ryder sin Chanel o tan
clara la estética de la última gira
de Madonna sin Jean Paul Gaultier?. En moda, como
en otras expresiones artísticas, se entremezcla
la razón con la pasión, la profesión
de fe con la comodidad y los misteriosos procesos
de identificación de nuestro ego más
profundo con el azar que ocasionan la disponibilidad
económica y el interés personal.
Algunos de nuestros mejores publicitarios han
tomado cartas en el asunto, lanzando interesantes
opiniones que han surgido ante la pregunta con
la que hemos titulado este reportaje. Y el famoseo
del cine y de la música también
tiene algo que decir al respecto porque el panorama
de la moda sería diferente si no fuera
por ellos. ¿O pasa al revés?.
Un
sector que goza de buena salud
El textil español
ya no está en crisis y muestra de ello
es que cada año precisa incorporar a 5.000
nuevos titulados universitarios de todas las especialidades
vinculadas al sector. Esta es la principal conclusión
a la que se ha llegado en el último Congreso
Internacional Textil 2001 organizado por el Departamento
de Ingeniería Textil y Papelera de la UPC
de Terrassa.
Según el Presidente del Consejo Intertextil
Español, Josep Mª Canal, estamos ante
un sector "dinámico, competitivo y
moderno, que cuenta con las innovaciones tecnológicas
más punteras". Sólo en el año
2000, la producción del textil y de la
confección en España fue de unos
2,5 billones de pesetas, cantidad que equivale
al 6% del PIB industrial español. Si a
ello le añadimos todas las ventas de las
multinacionales de la moda y el textil extranjeras
en nuestro país, se sigue confirmando esta
bonanza.
Sin embargo, muchas de las marcas top, de la alta
costura por ejemplo, no dedican demasiados esfuerzos
a resolver de forma profesional su comunicación
publicitaria, lo que nos lleva a hacernos la siguiente
pregunta: ¿invierten las empresas de moda
en publicidad lo que sería de esperar dada
su facturación y sus beneficios?; ¿o
sólo venden su marca y una vez ésta
se ha construido, ya está?. Tal y como
se pregunta Ricard Gresa, al frente de Top of
Mind, "¿no será que las marcas
de moda no saben qué ponerse?". Para
Gresa, quien considera que el sector de la perfumería
es también parco en su comunicación,
aunque en muchos casos sus marcas sí intentan
decir algo más, existen por supuesto claras
excepciones que han perfilado unos roles para
sus modelos (así transformados en actores),
intentando narrar historias en cada anuncio, proponiendo
situaciones más o menos fantásticas.
"Diesel lo hace ahora, aunque hace muchos
años ya lo hizo una firma mucho más
conservadora, cuyos anuncios proponían
distintas situaciones: un atraco, un secuestro,
..." y continúa señalando honrosas
excepciones: "Benetton, hasta la defenestración
de Oliviero Toscani, ha estado basándose
en la denuncia de situaciones injustas, discriminatorias
o intolerantes; Lois se está presentando
ahora mismo con una propuesta entre solidaria
y asociativa, de manifestación de inquietudes
y Nike (que aunque funcionalmente deportivo, extiende
su oferta real como producto de moda -no hay tantos
deportistas como compradores de Nike-) siempre
se asocia a actitudes de progreso personal, de
reafirmación o de reto".
Ricard Gresa no cree, por tanto, que las marcas
de moda hagan branding total, al menos, no conscientemente
y sí piensa que hay entre ellas cierto
desconocimiento: "saben de moda, de tejidos,
de famosos... y como a algunos les ha ido de maravilla
sin publicidad (léase Zara, que no ha hecho
una campaña de publicidad que realmente
lo parezca hasta su salida a Bolsa) han encontrado
un argumento para no hacerla o para hacérsela
ellos, sin colaboración de publicitarios".
Gresa atribuye a las marcas de moda "cierta
incapacidad o miedo a la hora de asociarse a determinados
valores o actitudes, lo que les lleva como mucho
a proponer poses o rictus". Y sigue explicando:
"ya sabemos que la moda no se sustenta en
argumentos racionales, en beneficios tangibles
expresables verbalmente, pero tampoco suelen explotar
el rico mundo de las emociones y por lo general,
se limitan a exhibirse".
Xavi García, Vicepresidente Ejecutivo de
Publicis Casadevall Pedreño & PRG,
cree por su parte, que la moda sin marcas no existiría
y que "sin un buen diseñador no existiría
una buena marca, pero un buen diseñador
sin una buena marca bien comunicada tampoco existiría"
porque "lo que compramos son logos, marcas
y firmas y como la marca viste mucho, un modisto
sin ella se sentiría desnudo".
Toni Segarra, Vicepresidente y Director Creativo
de SCPF, también cree que el fenómeno
de las marcas llega a su paroxismo en la moda,
"donde nos convertimos en soportes publicitarios
de las empresas y, además, pagamos gustosamente
por ello", aunque reconoce que la cuestión
es más compleja de lo que parece y así
lo explica: "creo que las empresas de moda
venden algo más que marca, venden una personalidad,
un territorio, un aspecto al que queremos asociarnos.
Trabajan con la parte más evidente de nuestra
representación física porque somos
lo que parecemos y en ese empeño la moda
es fundamental. Sin embargo, eso no está
lejos de lo que venden los automóviles,
que son probablemente la posesión que más
dice de nosotros". Para Toni Segarra las
marcas de moda venden esa señal que nos
adscribe al grupo, que nos delata o explica y
en ese sentido vendrían a ser señales,
"como los tatuajes de los indígenas
o las pinturas de guerra". Segarra concluye:
"la marca es aquí el producto, así
que casi podríamos decir que la moda es
la última publicidad sobre algo tangible,
concreto. ¿O tal vez no?".
La
experiencia de los publicitarios que llevan cuentas
de moda
Que las marcas también
venden por sí solas, una vez han llegado
a ser tales, parece incuestionable, pero: ¿cómo
alcanzar ese posicionamiento y mantenerse?. Este
aspecto es reivindicado por Enrique González
y Jorge Fondón, el primero Presidente y
Director Creativo y el segundo, Director General,
de Lowe Lintas & partners, empresa que lleva
la colonia además, de Purificación
García y las fragancias de Pepe Jeans y
Pedro Morago. Desde la experiencia que supone
haber sido los responsables del lanzamiento de
las tres colonias durante la Navidad de 2.000,
ambos resumen así su opinión: "está
claro que antes de que las marcas se vendan por
sí solas tienen que ganárselo a
pulso, crear la diferencia y medirse en el mercado
con los demás y ganarse un espacio duradero.
Si no hay algo real detrás, tal vez pueden
montarse operaciones efímeras con cierta
complicidad de los medios o manejándolos
hábilmente pero la marca de valor se construye
sobre realidades, en moda como en cualquier otro
sector. Esas realidades pueden ser más
o menos obvias, pero siempre están en alguna
parte. El público aprecia el genio, la
personalidad, el estilo, la innovación,
la irreverencia... o el precio, la cercanía,
la exposición (se establecen diferentes
ecuaciones con todos los factores que intervienen
en el fenómeno moda y surge la fórmula
personal)".
Ambos piensan que el sector moda lidia como pocos
con el cambio y que "se reforma constantemente,
lo que le da músculo y le tiene pendiente
de su público. Esa gran dinámica
le vuelve protagonista y proyecta a creadores
y marcas de forma excepcional en los medios, en
los espacios de calidad y en la calle".
Por su parte, Quico Vidal, Director General Creativo
de TBWA, empresa que lleva la cuenta de Cortefiel,
también destaca cualidades positivas de
las empresas de moda. Cree que son algunas de
las más sinceras, en las que existe una
menor distancia entre lo que venden y lo que dicen
que venden porque "¿en qué
sector podría alguien defender todavía
que lo que se vende son productos, utilidades
reales, racionales y no marcas?. Yo creo que en
ninguno", manifiesta. En su opinión,
las marcas de moda, más que marca, venden
moda. Después, cuando crean sus extensiones,
pues sí, venden una marca que significa
moda y que coloca todos esos nuevos productos
marcados con su nombre en ese limbo de lo que
la moda dicta como vigente, como modelo a imitar
si se pretende pertenecer al grupo de los que
están a la moda".
Y hablando de las extensiones de línea
o de marca, ¿por qué las empresas
de moda son las únicas que se permiten
contravenir la ley número 12 de Jack Trout
y Al Ries -según la cual es un error utilizar
un mismo nombre sobre productos diferentes- y,
además de moda, venden otros productos
como colonias, geles de baño, gafas e incluso
coches?.
Nuestros entrevistados de Lowe Lintas & partners,
encargados también hace años del
lanzamiento de las fragancias Carmen y Abril de
Vittorio & Lucchino, de las de Carolina Herrera,
Herrera for Men y Aquaflore, y del desarrollo
e implementación de 212 (también
de CH), creen que estas extensiones de línea
no son exclusivas de la moda, aunque es en ella
donde lucen más. Quico Vidal, por su parte,
opina que las extensiones de marca son tan frecuentes
en el sector de la moda "porque sus valores
y utilidades son tan abstractos que su facilidad
de adaptación a otros productos es prodigiosa".
"Aunque, claro", continúa argumentando,
"¿cuánta gente, cuántas
veces y durante cuánto tiempo se comprará
un producto cuya marca sólo significa moda?".
Definamos
Moda... con la ayuda de los más famosos
Porque, ¿qué es la moda?. Difícil
de definir, "casi podríamos decir
que la moda es la última publicidad sobre
algo tangible y concreto si la marca es el producto",
explica Toni Segarra o "ese conjunto de atributos
abstractos, externos, intangibles, que nos hace
sentir que somos parte de lo que se lleva"
en palabras de Quico Vidal...
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Para algunos la moda es un show; un show de lo
más rentable y sinó que se lo pregunten
a Ralph Lauren, que viste tanto a políticos
como a actrices como Jodie Foster y al que en
alguna ocasión se le ha oído decir:
"yo soy un diseñador y soy un producto.
Soy una marca". Este americano pequeño
y rubio, que fabrica prendas de tela de gabardina,
es uno de los que más gana con la venta
de sus productos. No le van a la zaga tampoco
Giorgio Armani, a cuya creación, sencilla
e impecable, le dio un oportuno empujoncito la
percha de Richard Gere en la película American
Gigolo; Donna Karan y sus carteles de parejas
de famosos cotizados empapelando las calles y
Calvin Klein o Tommy Hilfiger, que se ha puesto
a lanzar discos después de vestir a toda
una corte de raperos norteamericanos. No podemos
cerrar esta lista sin incluir, (aunque faltan
muchas y no sólo de la alta costura), una
última marca mítica de moda, que
ha sido y sigue siendo la favorita entre muchos
rockeros y actores y que es casi un fetiche en
sí misma: la del asesinado Gianni Versace,
otro de los grandes con cuyos atuendos han salido
a la calle personajes como Sting, Salma Hayek,
Elton John, Bon Jovi, Madonna, Elizabeth Taylor,
Courtney Love y las partes más íntimas
del mismísimo... Sylvester Stallone, que
un día confesó que es adepto a sus
slips.
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Tangible o intangible, el mundo de la moda traspasa
constantemente las fronteras que le separan del
espectáculo, de la música y de tantas
otras artes... por eso tal vez nos resulta tan
difícil aventurar porqués. Asistimos,
eso sí, a lecciones de genios como Tom
Ford, el tejano que llegó en 1990 a Gucci
y que la aupó desde su crisis del 94 gracias
a una fórmula certera. Una buena inversión
publicitaria y una impresionante colección
pusieron de manifiesto su perfecto equilibrio
entre el buen comerciante, el relaciones públicas
y el artista, lo que él mismo explicaba
de la siguiente manera: "sé de qué
manera la ropa puede hacer sentir a las personas
excepcionalmente bien o no tan bien". Otra
vez en dificultades, esta vez venidas de Yves
Saint Laurent, seguimos confiando en Ford quien,
cosas de la vida, se ha puesto a hacer cine. Él
lo explica así: "en las películas
por lo menos, se puede ver el vestido que la actriz
lleva puesto y éste volverá a tener
vida cada vez que la película se proyecte.
Para alguien que vive obsesionado con la moda,
eso es lo último; todo un mundo hecho por
mi".
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