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¿Por
qué tiene un nombre tan
largo este colegio? |
Carta
al Col·legi
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Nuestros compañeros de branding
de cualquier compañía
que opere en Cataluña nos dirían
a simple vista que el nombre es, como
mínimo, demasiado largo: Col·legi
de Publicitaris i Relacions Pùbliques
de Catalunya. Parece mentira que
en casa del publicista hayamos cedido
a la tentación de dotarnos de
una cuchara de palo como esta. Y todavía
peor: es un nombre difícilmente
abreviable: CPRPC... Es capicúa,
sí, pero estaréis de acuerdo
conmigo en que eso no lo es todo...
Sin embargo, los que formamos parte
del ámbito de las relaciones
públicas nos sentimos muy orgullosos
de que nuestro sector haya tenido la
oportunidad de agruparse en un organismo
tan dinámico y, sobre todo, tan
plural como indica su nombre. Y es que
los vínculos entre las relaciones
públicas y la publicidad van
mucho más allá que un
compartir clientes, presentar proyectos
conjuntos o formarse en las mismas universidades.
A eso voy.
El ciclo de conferencias Els Dijous
de la Comunicació en su edición
del pasado curso fue una muestra extraordinariamente
clara de cómo las personas que
trabajan en Publicidad y en Relaciones
Públicas nos encontramos con
los mismos desafíos, respondemos
a los mismos estímulos y nos
vemos sometidos a las mismas tendencias
en el vasto mercado de clientes. Desde
luego, nuestros ámbitos de actividad
son enormemente distintos. Pero el primer
mensaje que querría dejar claro
en esta carta es que la comunicación
se percibe cada vez más como
un eje común por parte de los
clientes. Esto significa que las agencias,
que siempre tenemos la obligación
de adelantarnos a nuestros clientes,
debemos entender la importancia de trabajar
en equipo, compartiendo información,
aunando estrategias y, lo más
importante, fidelizando conjuntamente
a nuestros clientes.
A nadie se le escapa que los clientes
tienen menos tiempo para dedicarnos,
tanto a las agencias de publicidad como
a las de relaciones públicas.
Así pues, estaréis de
acuerdo conmigo en que es un punto a
nuestro favor cualquier iniciativa cuyo
objetivo sea evitarle al cliente situaciones
tan incómodas como pasar el mismo
briefing dos veces, hacer de puente
entre dos agencias, o convocar reuniones
separadas para evitar que las agencias
se saquen los ojos. ¿Exagero?.
Sin duda. Pero quién no haya
vivido alguna situación parecida,
que tire la primera piedra.
Y ya que el extraordinario tamaño
de esta página da para mucho,
me gustaría referirme también
al inevitable tema de la crisis actual.
Me disculpo de antemano por la licencia:
Siempre me ha gustado comparar lo
nuestro, es decir, la actividad
de relaciones públicas, con la
música, la pintura o la literatura:
cuanto peor están las cosas,
más buenas ideas aportamos. Parece
un contrasentido, pero como dice el
refrán, el hambre agudiza
el ingenio. Ya he dicho antes
que la comunicación suele ser
la primera en enterarse de que se avecina
una crisis, y desgraciadamente la última
en notar que ésta se ha terminado.
Sin embargo, el sector de las Relaciones
Públicas suele aportar soluciones
más creativas para evitar la
fuga de capitales. Sin duda
el ajuste de honorarios es la primera
reacción lógica en la
que solemos caer, pero cada vez más
conseguimos combatir la falta de predisposición
inversora con ideas y proyectos más
creativos, más enfocados a cumplir
objetivos y, sobre todo, con resultados
más fácilmente valorables,
que al final constituye el eterno punto
débil de nuestro sector.
No se trata de reinventar la rueda,
sino de aprovechar la histórica
capacidad de un sector como el nuestro
para mimetizarse, transformarse y cambiar
de vía para acabar llegando al
mismo puerto. El objetivo es demostrar
que nuestro sector puede aportar excelentes
resultados a precios muy asequibles
en relación al presupuesto total
de comunicación. Martin Sorrell
ya anunciaba meses atrás que
el mercado de las relaciones públicas
tiene mayor capacidad que el de la publicidad
para adaptarse a una situación
de crisis y salir de ella sin haber
sufrido demasiado. Utilizando un símil
futbolístico (impropio de mí,
lo admito), la buena cintura es lo que
nos salva.
En resumen, los profesionales de las
relaciones públicas tenemos ahora
más que nunca la obligación
de agudizar el ingenio día a
día y de proponer soluciones
creativas a las necesidades de siempre.
Pero afortunadamente, y gracias al Col·legi,
también tenemos la oportunidad
de unir esfuerzos e intercambiar experiencias
con nuestros primos hermanos de la publicidad.
Felicidades y muchas gracias a los que
mantienen vivo y lleno de contenido
el Col·legi. |
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