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Issues management (ó la gestión de asuntos potencialmente conflictivos)
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Nois, ara toca mullar-nos
 
 
 
Alfonso González Herrero
Director de Relaciones Públicas de IBM España y autor del libro
“Marketing Preventivo: La Comunicación de Crisis en la Empresa”
(Barcelona: Bosch Casa Editorial, 1998).

Issues management (ó la gestión de
asuntos potencialmente conflictivos)


Muchas de las situaciones de crisis que sufren las empresas e instituciones hoy en día podrían evitarse. Asimismo, también podrían reducirse los efectos negativos que otras muchas situaciones conflictivas producen sobre los objetivos y la imagen de las organizaciones. Estas son precisamente las dos premisas sobre la que descansa una función, denominada issues management (o mejor, “gestión de conflictos potenciales”), cuyo objetivo es gestionar eficazmente los asuntos que, siendo potencialmente conflictivos -y cuyo origen suele encontrarse en el entorno social, económico o político de la organización en su sentido más amplio- pueden controlarse mediante una correcta estrategia empresarial y de comunicación. La noción de gestión de conflictos potenciales, por tanto, se halla en estrecha relación con el concepto moderno de gestión de crisis proactiva.

 
El origen de la disciplina de issues management podemos encontrarlo en Estados Unidos allá por el año 1977, cuando Howard Chase (1977) lo concibió como un proceso de gestión proactivo que tenía como finalidad identificar asuntos (issues) que, potencialmente, pudieran desembocar en la arena política (en forma de leyes o regulaciones), analizar dichos asuntos, establecer prioridades de actuación, desarrollar programas estratégicos de acción, implementar un programa de comunicación acorde a la estrategia adoptada y evaluar sus resultados.

Sin embargo, la concepción de la gestión de conflictos potenciales como una herramienta para evitar la regulación
legislativa de la actividad empresarial nos parece una visión restringida del concepto.
Y ello porque las organizaciones empresariales pueden amoldarse, influenciar u opinar sobre muchos asuntos públicos y no sólo sobre aquellos que puedan llevar consigo una posible regulación gubernamental.

Así, podemos concluir que la gestión de conflictos potenciales ha de entenderse sencillamente como: una herramienta de gestión cuya función es vigilar e investigar el entorno de la organización y solucionar los posibles problemas a la detección de sus primeros indicios.

Es decir, si bien es cierto que el concepto de issues management nació -y en el sentido más dramático del término aun sigue- ligado a la temprana participación de la empresa en los procesos legislativos o de regulación empresarial, hoy día el concepto encuentra su sentido pleno fuera de la esfera política. El énfasis de la gestión de conflictos potenciales se extiende ahora a la proacción de la empresa en un esfuerzo por detectar cualquier asunto (legislativo, económico, político o social, en su sentido más amplio) que pueda suponer un problema para el futuro de la organización.

El proceso de gestión de conflictos potenciales se fundamenta en dos ideas: a) La identificación de un asunto o conflicto potencial lo más pronto posible, y b) El acotamiento y resolución de ese asunto antes de que alcance un punto en el que provoque consecuencias indeseables para la organización.

Son cinco los componentes fundamentales de un sistema de gestión de conflictos potenciales: a) Identificar, mediante la vigilancia y el seguimiento de los acontecimientos del entorno, aquellos asuntos que pudieran afectar a la empresa en el futuro. b) Estimar las probabilidades de que dichos asuntos ocurran y analizar las consecuencias que podrían ocasionar sobre la organización. c) Elaborar una estrategia de actuación sobre cada asunto. d) Poner en práctica dichas estrategias. e) Evaluar los resultados obtenidos y efectuar las modificaciones oportunas en la estrategia adoptada si fuera necesario.

  a) Identificación de posibles asuntos conflictivos
El primer paso necesario para poder poner en práctica un programa de gestión de conflictos potenciales es contar con un sistema apropiado de vigilancia del entorno. Un modo sencillo de vigilancia consistiría, por ejemplo, en el análisis sistemático de las publicaciones profesionales y de ámbito general, de las conclusiones de congresos, conferencias, así como de los boletines informativos y publicaciones de colectivos sociales (grupos ecologistas, plataformas ciudadanas...), etc. La experiencia parece demostrar que es en este tipo de medios y foros más restringidos en donde primero se pone de manifiesto el nacimiento de un determinado asunto y que es después, una vez que ha comenzado su evolución, cuando este suele pasar a los medios de información general y a los medios audiovisuales.

Otros métodos complementarios de recogida de información pueden consistir en la realización de encuestas -internas o externas-, en la evaluación periódica de los comentarios o quejas de los clientes y de los propios empleados, o, incluso, en la revisión de los planes estratégicos de cada una de las unidades de negocio, en los que se suele analizar el entorno competitivo en que se mueve la empresa.

Dependiendo de la función que el sistema de gestión de conflictos potenciales cumpla en la organización, el sistema de vigilancia se encaminará a detectar asuntos más o menos cercanos en el tiempo. Así, por ejemplo, en aquellas organizaciones en donde dicho sistema se encuentra enclavado dentro
de las tareas de planificación estratégica, los esfuerzos de vigilancia estarán dirigidos a detectar lo que podríamos denominar asuntos estratégicos, es decir aquellos que afectarán a la organización de 4 a 20 años en el futuro. Por el contrario, en aquellas otras organizaciones en donde la gestión de conflictos potenciales sirva de herramienta de pre-crisis, los esfuerzos de vigilancia habrán de dirigirse a la detección de aquellos asuntos que puedan impactar a la empresa en un corto plazo.

Por otro lado, la gestión de conflictos potenciales necesita, normalmente, de la participación de áreas de la organización distintas de la de comunicación corporativa. Es por ello aconsejable involucrar a éstas en el proceso de identificación y análisis de posibles conflictos con el fin de facilitar posteriormente el planteamiento de estrategias de actuación.

 
b) Estimar la probabilidad de que ocurran los asuntos identificados y análisis de sus consecuencias.

En la etapa anterior se suelen identificar más asuntos de los que ninguna empresa puede abordar. Es por tanto necesario someter dichos asuntos a un proceso de selección, agrupación y/o filtro, con el fin de poder establecer prioridades de actuación. Esto puede hacerse de manera subjetiva o mediante la utilización de alguna técnica de grupo más sofisticada como pueda ser el método Delphi. Cualquiera que sea el método utilizado, deben tenerse en cuenta dos factores:

i) La severidad con que el asunto puede impactar sobre la organización (en términos no sólo financieros, sino también de imagen, de clima interno, etc.)

ii) La probabilidad de que ese asunto ocurra o alcance una etapa de "madurez" en un período determinado de tiempo, posibilidad que normalmente viene determinada por las propias características del asunto y del entorno en el que opera la empresa y por las características del público afectado por dicho asunto.

En este sentido, habrá también que analizar qué medios pueden utilizar dichos públicos para imponer una solución a la organización. Se trataría aquí de ver si el camino más probable de evolución del asunto va a ser la presión directa sobre la organización, la sensibilización de la opinión pública, etc. Estas estimaciones se pueden basar en las actividades llevadas a cabo por ese público hasta el momento o en el estudio de la historia pasada del colectivo en cuestión.
Una vez filtrados y clasificados los asuntos en función de su prioridad para la organización, el siguiente paso es elaborar un informe o brief sobre cada uno de los asuntos o tipos de asuntos (clusters) identificados en la etapa anterior. Esta técnica, adoptada originalmente por el servicio de investigación del Congreso de los EE.UU. con el fin de mantener informados a los miembros de la Cámara, ha sido posteriormente adoptada por numerosas organizaciones empresariales.

Estos informes tienen las siguientes características:

- Definen y explican el asunto en cuestión.
- Analizan las diversos caminos que el asunto puede seguir.
- Evalúan la naturaleza y el grado de severidad de las consecuencias que el asunto puede causar.
- Estiman el momento en que el asunto puede afectar a la organización.
- Remiten al lector a fuentes adicionales de información (expertos o documentación).
- Tienen como principal finalidad la de informar y educar al lector.
- No recomiendan ninguna estrategia y raramente analizan las distintas estrategias posibles. La elaboración de estrategias se suele dejar en manos de la alta dirección.

c) Determinación de una estrategia de actuación

Una vez se ha alcanzado el consenso sobre qué asuntos pueden llegar a producirse, cuáles son los más importantes y con qué grado de urgencia, es el momento de adoptar una estrategia para influenciar la evolución de cada uno de ellos. Es decir, la organización ha de definir su postura ante el posible conflicto, determinar cómo piensa actuar respecto al mismo y concretar cuáles son los objetivos a alcanzar y con qué prioridades de tiempo y valor. Es en esta etapa en dónde se han de definir los objetivos finales y el presupuesto necesario o disponible para alcanzarlos.

d) Puesta en práctica de la estrategia definida
Una vez determinado el eje estratégico de actuación, se han de definir los procedimientos tácticos y operativos necesarios para alcanzar los objetivos marcados. Ha de tenerse en cuenta, por tanto, el plazo en que se esperan alcanzar dichos objetivos y no olvidar que los planes tácticos y operativos han de derivarse de la estrategia marcada.
Esta es también la etapa en que se decide el contenido específico del mensaje, los medios a través de los que se va a comunicar, se estructura formalmente el contenido del mismo y se concretan las acciones que han de llevar a cabo otros departamentos de la organización.

e) Evaluación de los resultados obtenidos y modificación de la estrategia

El paso final del sistema de gestión de conflictos potenciales debe ser contrastar los resultados obtenidos con las metas que se marcaron en un principio. Es decir, se han de analizar los objetivos específicos recogidos en la estrategia para ver si el programa ha cumplido con las expectativas. La valoración de los resultados alcanzados puede llevarse a cabo bien al final del proceso de gestión (una vez resuelto el asunto) o bien en sus etapas intermedias (de modo que se puedan ir haciendo ajustes sobre la estrategia inicial).

Ildefonso García SerenaDegà